domingo, 6 de junio de 2010

Odontologia en Roma


















La Odontología se practicaba en Roma cuando la
profesión médica estaba aún en su infancia. Hacia
el año 450 a.C. se formó una comisión de magistrados para redactar un código legal para la nación, conocido como las “Leyes de las Doce Tablas”. En ese tiempo, los ricos acostumbraban a quemar o enterrar sus muertos con adornos de oro; pero el oro escaseaba y los mayores temían que esta práctica debilitara económicamente al Estado; por lo tanto, una de las leyes prohibía específcamente enterrar oro con la única excepción de los adornos dentales.

Los romanos tenían especialistas en las artes terapéuticas que provenían de tres grupos: extranjeros, sobre todo griegos, esclavos y esclavos liberados. Cicerón en su libro Deberes, describe la Medicina como una profesión
honrosa para personas de un cierto estamento social, es decir, esclavos o esclavos liberados – nunca ciudadanos romanos.

El primer médico extranjero de Roma fue un griego que practicó la Medicina en el año 219 a.C. Sin embargo, el primero entre los griegos en alcanzar fama y fortuna como médico en Roma fue Asclepíades, un nativo de Bitini (Asia Menor) que llegó a Roma en el año 91 a.C. A pesar de no tener formación médica profesional, alcanzó un notable éxito en su campo y fundó la primera escuela médica de la antigua Roma.
Las mujeres también eran practicantes de la Medicina; las primeras doctoras fueron griegas y combinaban la mayéutica con la magia y probablemente, ejercían las artes relacionadas con el embellecimiento corporal. En el siglo II d.C. el famoso médico Sorano de Éfeso afrmó que las mujeres que deseasen entrar en la profesión médica deberían poseer dotes para escribir, una buena memoria, salud, temperamento equilibrado, discreción, conocimientos de dietética, de farmacia y, en cierto grado, de cirugía.
No se encuentra ni una palabra dedicada a los dentistas en latín antiguo, pues la odontología no existía entre los romanos como profesión aparte y los médicos no hacían distinción entre las enfermedades que afectaban a la boca y diente y las que interesaban a otras partes del cuerpo. Tampoco se especializaban en la Odontología aquellos no profesionales, ya que en los servicios realizados por los barberos romanos, no se menciona nunca que extrajeran molares. De hecho, el enciclopedista Celso describió con detalle el instrumental quirúrgico utilizado por los médicos de su tiempo, entre ellos, los fórceps y un instrumento especial llamado “tenaculum”, utilizado para extraer las raíces de los dientes.

Celso, en su compendio médico, profundiza en numerosos aspectos de la Odontología. Además de referencias a la higiene oral y tratamiento básico de los problemas de la dentición, recomendaba a quien tuviese un diente en mal estado, no apresurarse a extraerlo y si los remedios, como cataplasmas calientes, enjuagues bucales, aplicaciones de vapor, purgas y laxantes fallaban, debían probarse otros más poderosos. Si el molar tenía que ser extraído, recomendaba llenar la cavidad con hilo de lino o plomo, para que la corona no se fracturase al aplicarle las puntas de los fórceps. En el libro de Celso se tocan muchos otros temas, como el uso de la lima para suavizar coronas fracturadas, la reposición de dientes permanentes recientes que emergen en mala posición, el tratamiento de las fracturas de los maxilares, y la ferulización de dientes sueltos para estabilizarlos. Considera también la necesidad de la higiene bucal: debían rascarse as manchas negras en los dientes y frotarlos con hojas de rosa trituradas, enjuagándose la boca después con vino puro.

Escribonio Largo, doctor personal del emperador Claudio, fue otro famoso médico romano que escribió con profusión acerca de los tratamientos dentales. Entre varias recomendaciones para el tratamiento del dolor de molares, son adecuadas la fumigaciones de semillas de belladona, esparcidas sobre las brasas; a continuación debe enjuagarse la boca con agua caliente, y de esta manera, a veces se expulsan pequeños gusanos. La Medicina en la Roma clásica era una combinación de la magia primitiva del pueblo itálico, la sabiduría sacerdotal de los etruscos y algunas supersticiones de origen griego. El gran naturalista Plinio el Viejo (que murió durante la erupción del Vesubio en el año 79 d.C.) describió una cura de dolor de muelas que consistía en encontrar una rana a la luz de la luna llena, mantener su boca abierta, escupirle dentro y enunciar una fórmula.
Otro médico griego digno de mención fue Claudio Galeno (131 a.C), que estudió también en Alejandría y recopiló todas las obras de Medicina conocidas en su época, ejerció en Roma y fue el primero en reconocer que el dolor dental podría deberse a pulpitis (infamación de la pulpa) o pericementitis (infamación de la porción radicular del diente). Clasifcó los dientes en centrales, cúspides y molares. Sirvió como médico del emperador Séptimo Severo, era un escritor incansable y su trabajo se utilizó como fuente autorizada de la ciencia hasta los tiempos del Renacimiento.
Además de efectuar el tratamiento de enfermedades bucales y extracción de dientes, los romanos eran expertos restauradores de dientes cariados con coronas de oro y reemplazaban los dientes perdidos con prótesis fjas. En la era cristiana, la prótesis dental se había sofsticado bastante, siendo comunes las dentaduras totales o parciales. Parece razonable creer que las prótesis eran fabricadas por orfebres y otros artistas y posteriormente, colocadas en la boca por el médico, de la misma manera como trabajan en colaboración los dentistas y técnicos de laboratorio. Mucho de lo que sabemos de la Odontología romana, procede de los escritores satíricos, entre los cuales se destacaban Marcial y Juvenal. Los romanos tenían en gran estima la higiene bucal y a pesar de no tener jabón, usaban el agua para lavarse. El uso de polvos dentífricos era generalizado y podía usarse una gran variedad de sustancias, como huesos, cáscaras de huevo, ostras, etc. Después de quemarlas y mezclarlas con miel, se reducían a un fno polvo. A pesar que la superstición y el capricho dictaba la elección de los ingredientes, la adición de astringentes como la mirra o la sal indica la intención de limpiar los dientes y reforzarlos cuando empezaban a moverse. La conciencia de los romanos de clase alta en cuanto a la higiene dental, era extrema, al punto de que, cuando tenían invitados a cenar, les regalaban palillos de metal fnamente decorados, a menudo de oro, para limpiarse los dientes.

BIBLIOGRAFIA
www.gador.com.ar/odonto/pdf/hist_odonto02.pdf






Un odontólogo para el César

Hallaron una prótesis dental en una Necrópolis de Roma que data del siglo I o II A.C. Constituye la primera evidencia arqueológica de la avanzada odontología de la época imperial romana.

Durante la realización de excavaciones arqueológicas en la necrópolis romana de Viale della Serenísima se halló una prótesis dental sostenida con alambres de oro entre los restos parcialmente cremados de una mujer adulta.

Según revela la revista científica The American Journal of Medicine, esa pieza odontológica que se remonta al siglo I o II A.C. suministra la primera prueba tangible de una prótesis dental elaborada en la época del Imperio Romano. El hallazgo confirma las descripciones que aparecen en la literatura de ese período.

En un libro de medicina, el doctor Cornelius Celsus (25 a.C.-50 d.C.) explica: "Si por algún golpe u otras razones los dientes están inestables, deben ser atados con un alambre de oro a los dientes sólidos". Según Simona Minozzi, investigadora del Departamento de Antropología de la Universidad de Pisa (Italia), el satírico Marcial (40 DC. -104 d.C.) acostumbraba hacer bromas sobre las aplicaciones dentales: "Lucania tiene dientes blancos, Thais marrones. ¿Cómo puede ser? Una tiene dientes postizos, la otra los propios. Y tu, Galla, en la noche deja a un lado tus dientes como lo haces con tu vestido de seda".

Si bien se han encontrado varias prótesis dentales etruscas del siglo VI y IV a.C., hasta la fecha no se había hallado evidencia arqueológica de esos materiales fabricados en el período romano. De acuerdo con Minozzi, la prótesis dental hallada era un "diente artificial", que ocupaba el lugar del incisivo central derecho. A simple vista, es posible observar la presencia de dos alambres de oro que pasan por un agujero de ese diente y que están firmemente atados a los dientes adyacentes.

Minozzi y sus colegas creen que el "diente artificial" pertenecía a la misma mujer y que luego de haberse caído, fue utilizado nuevamente para hacer la prótesis. Gino Fornaciari, de la División de Paleopatología -ciencia que estudia las enfermedades padecidas por personas o animales en la antigüedad- de la Universidad de Pisa, señala: "Probablemente la caída de ese diente es resultado de una severa periodontitis", una enfermedad de etiología bacteriana que afecta el tejido de sostén de los dientes.

BIBLIOGRAFIA
http://www.culturaclasica.com/?q=node/1641


La odontología protésica a través de la historia
Foto
UN DENTISTA TRABAJA CON LA AYUDA DEL RAYO LÁSER. / IMAGEN ARCHIVO LA VERDAD

Ya en la era de la antigua Roma había expertos restauradores de dientes

M. J. GARCÍA MURCIA


La implantología dental se remonta mucho más atrás en el tiempo de lo que podamos imaginar. Culturas como las de la antigua Roma, los mayas o los fenicios ya llevaban a cabo prácticas por las que venían a sustituir las piezas dentales que perdían. Así, existen evidencias de que los romanos, además de efectuar el tratamiento de enfermedades bucales, eran expertos restauradores de dientes cariados con coronas fijas de oro y reemplazando dientes perdidos con prótesis fijas.

La odontología protésica ya se practicaba en la Primera República en Roma, sofisticándose aún más en la era cristiana, cuando era común el uso de dentaduras totales o parciales. Por otra parte, también se tiene constancia de que la cultura maya realizaba implantes endoóseos aloplásticos, es decir, no humanos, en personas vivas. Así lo demuestra el hallazgo en 1931, en el valle de Ulúa de Honduras, de un fragmento de mandíbula que databa del año 600 d.C. En esta mandíbula se observó que tres trozos de concha en forma de dientes habían sido colocados en los alveolos de tres incisivos inferiores perdidos. También los fenicios y los etruscos demostraron dominar varias técnicas de reemplazo de piezas dentales. Pero tuvieron que pasar muchos más años para que comenzaran a realizarse los implantes tal como los conocemos hoy día. Hace 40 años, en mayo de 1965, fue tratado el primer paciente con implantes dentales de una morfología y material que ha perdurado hasta la actualidad, es decir, en titanio y de forma roscada.

Hoy, las técnicas quirúrgicas, los avances tecnológicos y la disposición de materiales mejorados en implantología dental han logrado que en más del 95% de los casos el paciente recupere sus piezas dentarias y, en consecuencia, gracias a los implantes, vuelve a disfrutar de su poder de masticación; sin olvidar la importante mejoría que obtiene desde el punto de vista estético y de calidad de vida.

En la actualidad, las principales investigaciones en implantología van encaminadas a la resolución de casos en los que existe una gran pérdida de hueso, cuando es preciso aplicar una serie de técnicas quirúrgicas para recuperar o regenerar el hueso y conseguir el volumen suficiente para colocar un implante metálico y sobre él el diente.

En este sentido, merecen atención especial los últimos logros en el mundo de los cultivos celulares, así como la necesidad de una segunda intervención (cómo ocurre hasta ahora) para la obtención de hueso de otra área donante del cuerpo, mediante el cultivo de tejido óseo del propio paciente. El objetivo futuro es poder disponer de la cantidad tejido óseo del propio paciente que haga falta, ya que hoy existen casos en los que la disponibilidad de injerto es escasa, además de las molestias que conlleva siempre tener que coger hueso de alguna zona del cuerpo.

BIBLIOGRAFIA
http://servicios.laverdad.es/servicios/cuadernossalud/pg291207/suscr/nec7.htm

INSTRUMENTAL QUIRURGICO ROMANO UTILIZADO EN ODONTOLOGIA

Muchos y variados fueron los instrumentos utlizados en el tratamiento de la patologia dental. durante la epoca clasica.


Estiletes:


Responde a la palabra latina "stylus". Celso cuando de la patologia dental dice: "Se puede tambien meter en aceite caliente un estilete, envuelto en lana, aplicandolo luego en el molar interno". En los traumatismos de los alveolos durante una extracion dental el propio Celso nos refiere lo siguiente. "Se reconoce enseguida que ha habido fractura, por el derrame sanguineo que se hace mas abundante. es menester entonces buscar la esquirla desprendida con ayuda del estilete y extraerla con unas pinzas mas pequeñas. Su forma seria alargada, cilindrica, fina y acabadaen punta. El material de fabricacion seria el bronce.

RASPADORES O LEGRAS:



LIMAS:



ELEVADORES:


ESCALPELOS:


MATILLOS:



PINZAS:


TALADROS:


HILOS DE ORO:

DENTISCALPIUM:




BIBLIOGRAFIA
www.euskomedia.org/PDFAnlt/munibe/1992227230.pdf












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